Día del Clima

La importancia del clima en un país de ambientes extremos

El Dr. Luis Raggi, académico del Departamento de Ciencias Biológicas Animales de Favet y Senador de la Universidad de Chile, comparte una valiosa reflexión sobre el clima y su efecto en la supervivencia de la biodiversidad y la propagación de enfermedades emergentes.

El 26 de marzo se celebra el Día Internacional del Clima. Hace algunos días, el 22 de marzo, se celebró el Día Internacional del Agua; el 22 de mayo le corresponde a la Diversidad Biológica y el 24 de octubre se celebrará el del Cambio Climático. Días que dedicamos a notas, eventos, entrevistas y reflexiones, sin embargo muchas de estas actividades podrían unificarse, al menos en enfoque teórico, en miradas disciplinares, interdisciplinares y globales, lográndose así la integración necesaria para abordar los problemas técnicos, políticos y económicos que involucran las medidas para mitigar los efectos de las actividades humanas sobre la estabilidad de la vida en el planeta.

El concepto de clima es muy breve: “conjunto de condiciones atmosféricas propias de una zona”.  Los elementos del clima incluyen la temperatura, las precipitaciones, la humedad, presión atmosférica, viento y otras condiciones meteorológicas propias de una región determinada. Ello define diferentes macro zonas: cálidas, templadas, polares y todas la posibles subdivisiones, entre ellas tropicales, secos, moderados, etc.

Se distingue al clima del tiempo, pues el clima es una condición a largo plazo, mientras el tiempo es un estado en un breve periodo. Al ser el clima una condición a largo plazo, influye en todos los aspectos de la vida de plantas y animales que a través de millones de años se han adaptado fisiológica y conductualmente a condiciones más o menos estables y predictivas. Cabe recordar que, por los factores que fueran, cambios agudos en el clima planetario han condicionado la extinción masiva de animales y plantas a nivel global.

Chile, por su longitud norte a sur, o en otras palabras de desierto a polo; por su gradiente altitudinal desde el nivel del mar hasta las altas cumbres y su geografía de zonas desérticas, áridas, lluviosas, archipiélagos, glaciares, hielos, ríos, lagos, volcanes, alturas, etc. Tiene una gran variedad de ambientes de clima extremo, los que sostienen a una población vegetal y animal adaptada a esas condiciones, siendo su vegetación y fauna altamente susceptible a las variaciones ambientales.

Uno de los mayores problemas que se enfrenta en la actualidad, es que la condición de estabilidad en los patrones del clima cambian a mayor velocidad que las capacidades de adaptación y aclimatación de los individuos. Si esto se acentúa y acelera podría poner en peligro la mitad de las especies de plantas y animales, sobre todo en aquella regiones con mayor biodiversidad y de manera significativa a los denominados “Hotspot” o puntos calientes o críticos de biodiversidad. En Chile estos “Hotspot” involucran la parte sur de los andes tropicales, al bosque valdiviano y progresivamente podría comprometer a regiones mas australes.

En distintas áreas, a nivel mundial,  se han llevado a cabo estudios que concluyen que casi un 50% de las especies se perdería si las temperaturas globales aumentaran en 4,5ºC  y al menos un 25% con una variación de 2ºC.

No tenemos evidencia científica directa de que el clima tenga influencia en la diseminación del COVID-19, aun cuando sí es evidente que actividades humanas asociadas a las variaciones anuales del clima si la favorece.

Los cambios globales del clima influyen en cómo los humanos nos relacionamos con otras especies y ello involucra la salud de la población y los riesgos de infección. Lo anterior se puede resumir señalando que en la medida que el planeta se calienta, los animales terrestres y acuáticos, son “empujados” hacia los polos para mitigar el aumento de temperatura. Ello concentra cada vez más las poblaciones animales (suma la perdida de territorio por actividades humanas), lo que conduce a la inevitable interacción de especies animales, que antes de los cambios no se producía; estas “nuevas interacciones” favorecerían la oportunidad para patógenos de abordar “nuevos hospedadores”.

Muchas de las bases del cambio climático aumentan el riesgo de una pandemia. La deforestación, muchas veces con objetivos de uso agropecuario, favorece la pérdida acelerada de hábitat a nivel mundial ello “fuerza” a los animales a migrar e interactuar  con especies domésticas y de ahí al “salto” a los humanos.

Moderar las conductas de consumo y la producción sustentable es la vía mas racional y corta para disminuir los gases con efecto invernadero y de paso disminuir los riesgos de transmisión de patógenos.

El cambio climático y actividades extractivas impactan en nuestra biodiversidad, sobre todo en ambientes extremos donde la variable es más sensible y estrecha. Al revisar las listas de especies vulnerables en Chile figuran mamíferos, aves, anfibios, reptiles, peces, insectos, plantas y quien sabe cuantos microorganismos. Solo a modo de ejemplo algunas especies de pingüinos han disminuido su población y es más infrecuente encontrarlos en sitios habituales de reproducción/nidificación, elefantes marinos con poblaciones muy concentradas y con lesiones cutáneas evidentes. Nevazones en áreas de pastoreo, o la disminución significativa en las precipitaciones, o a la inversa excesivas en corto tiempo, impactan al sector agropecuario así como a vegetales y animales silvestres.

Es evidente la necesidad educar y educarnos, de adquirir competencia e interactuar con otras disciplinas para solucionar los problemas contingentes, cada vez más relacionados e interactivos, hoy desde un enfoque climático, hace algunos días hídrico y en un tiempo más de diversidad biológica.

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